
Un estudio publicado en Palabra Clave revisa las medidas de limitación del uso de celulares en las escuelas de Brasil y Portugal y las pone en relación con las políticas públicas de alfabetización mediática e informacional (AMI). El punto de partida ya no se discute: el dispositivo en clase se asocia a efectos negativos en el aprendizaje y la salud, y cada vez más países imponen restricciones. Mi pregunta no es si el celular distrae. Es qué queda cuando se apaga la pantalla.
Ahí está el hueco. Prohibir el aparato sin una política de AMI que forme lectores críticos es administrar el síntoma y dejar intacta la causa. Y esa política no la sostiene una ley sola. La sostiene la biblioteca escolarBiblioteca escolarBiblioteca integrada en un centro educativo, pensada para sostener el currículo y formar lectores y usuarios competentes de la información. Necesita un profesional, no solo un aula con estantes. con un bibliotecario formado dentro.
Esta discusión continúa lo que planteábamos en Más bibliotecas rurales, pero con bibliotecarios profesionales: abrir espacios sin profesionales no arregla el acceso, lo decora.
El artículo no se queda en la norma. Examina la ley de uso del celular en las escuelas de ambos países y después busca si existe un diálogo real con la política de AMI. Ese diálogo es lo que suelo echar de menos en la región.
Para mí hay tres indicadores que un país debería revisar antes de celebrar una prohibición:
Brasil y Portugal llevan años discutiendo esto en la agenda pública. En República Dominicana apenas empieza, y lo digo después de años trabajando el tema con colegas del área.
Lo que se publica estos días confirma que alfabetizarse ya no es solo saber buscar en un catálogo.
Desde Argentina, la revista Palabra Clave analiza Moltbook como ecosistema documental emergente, a partir de un corpus de veintiocho referencias verificables. Los autores sostienen que una plataforma donde agentes de inteligencia artificial producen, recombinan y distribuyen documentos ya es una infraestructura sociotécnica, no una curiosidad de laboratorio. Si eso es cierto, el profesional de la información necesita saber evaluar la procedencia de un contenido que ninguna persona escribió.
Desde Estados Unidos, The Scholarly Kitchen repasa cómo KBART pasó de ser una lista accidental de títulos a un mapa de la cadena de suministro de información académica. La lección es concreta: los metadatosMetadatosDatos que describen otros datos: autor, fecha, materia, formato, derechos. Son la infraestructura invisible que permite encontrar, citar y preservar un recurso digital. deciden si un recurso se encuentra o desaparece.
Y desde España, Universo Abierto recoge la nueva función que Ex Libris presentó el 24 de septiembre de 2026 para consultar en lenguaje natural los fondos de adquisiciones de Alma. Conversar con un asistente para revisar un presupuesto suena cómodo. También obliga a que quien firma la compra entienda qué está comprando y por qué.
Aquí está mi reparo de fondo. Las bibliotecas escolares de América Latina reciben dispositivos, conectividad y discursos sobre innovación. Rara vez reciben un plan de estudio que forme al bibliotecario en alfabetización mediática, evaluación de fuentes, datos de investigación o ética de la información generada por máquinas.
Un ejemplo del tipo de trabajo que sí aporta aparece en Montevideo. La Biblioteca Popular Juan José Morosoli se presenta como espacio de encuentro, aprendizaje y participación ciudadana. Esa función se sostiene con criterio profesional, no con buena voluntad.
Si el celular se prohíbe sin AMI, el estudiante sale del aula igual de indefenso ante la desinformaciónDesinformaciónInformación falsa o engañosa difundida, con intención o sin ella, de forma que altera la comprensión pública de un asunto. La biblioteca es una de las pocas instituciones que puede combatirla formando, no censurando. que cuando entró. La restricción puede ser necesaria. No es suficiente.
Tres movimientos que cualquier sistema bibliotecario de la región puede empezar este año:
La próxima semana arranca el XII Congreso Nacional de Bibliotecas Móviles, en Santiago de Compostela, del 23 al 25 de octubre. Buena ocasión para preguntar cuántas de esas bibliotecas móviles llevan un programa de alfabetización y cuántas solo llevan estanterías.
Y dejo la pregunta sobre la mesa. Si mañana se prohíbe el celular en todas las escuelas dominicanas, ¿tenemos los bibliotecarios formados para llenar ese vacío? Mi lectura es que apenas estamos empezando a construirlos.
Porque la norma quita el dispositivo pero no forma criterio. El análisis de Palabra Clave sobre ambos países examina la ley y si dialoga o no con una política pública de alfabetización mediática e informacional, y ese diálogo es justo lo que suele faltar.
Enlazar esta respuestaEs el espacio natural para enseñar a evaluar fuentes, distinguir información de desinformación y entender cómo se produce un documento. Sin un bibliotecario formado dentro, ese papel queda vacío y la biblioteca se reduce a un depósito.
Enlazar esta respuestaIncorporar alfabetización mediática, evaluación de fuentes, datos de investigación y procedencia algorítmica como materias obligatorias. También aprender a leer plataformas donde agentes de inteligencia artificial producen y distribuyen documentos, como analiza Palabra Clave con Moltbook.
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