
Cada vez que un museo o una biblioteca abre sus fondos históricos en línea, la conversación regresa al mismo punto: qué se digitaliza, con qué criterio y quién podrá consultarlo dentro de veinte años. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) incorporó 35.000 imágenes de su patrimonio documentalPatrimonio documentalConjunto de documentos con valor histórico, cultural o testimonial que una comunidad decide conservar como parte de su memoria. Su custodia es una función pública, no un lujo cultural. al portal SIMURG, ya disponibles para consulta pública, según recoge Julián Marquina. El lote incluye cerca de un millar de expedientes y 1.400 documentos iconográficos de fondos históricos, con manuscritos del siglo XVIII y dibujos científicos entre los materiales.
Lo que me interesa de esta operación no es el volumen. Es la continuidad. Una institución científica española sostiene un portal propio, con criterio de descripción propio, y lo alimenta año tras año. Ahí está la diferencia con buena parte de lo que hacemos en América Latina, donde sobran proyectos que arrancan con presupuesto de un ejercicio y se frenan cuando cambia la dirección del centro.
Patrimonio tenemos de sobra. Lo que falta es política documental sostenida, con personal formado que no rote cada seis meses. Un portal no se sostiene con una campaña de digitalizaciónDigitalizaciónConversión de un documento físico en un archivo digital con calidad suficiente para sustituir la consulta del original. Sin metadatos y sin plan de preservación, produce ficheros, no acceso., se sostiene con presupuesto recurrente y una norma de descripción que se cumpla.
La segunda pieza de la semana viene del negocio editorial. The Scholarly Kitchen publica la reflexión de Roger Schonfeld sobre la intención de Informa de separar Taylor & Francis, con atención particular a las ciencias sociales y las humanidades. Cuando una editorial de ese tamaño reorganiza su estructura, lo que se mueve después son los paquetes de suscripción, los modelos de acceso y las condiciones que se negocian con los consorcios.
Para las revistas de humanidades y ciencias sociales, que dependen de presupuestos universitarios y de bibliotecas, ese movimiento toca directamente la condición de acceso de miles de investigadores que publican en español y portugués y leen mucho más de lo que escriben.
Ahí veo una ventana. La negociación de consorcio es el único momento en que una biblioteca universitaria latinoamericana tiene algo parecido a poder de compra colectivo. Si las condiciones se reabren, toca entrar con exigencias por escrito: transparencia de precios, cláusulas de acceso perpetuo al material ya pagado y métricas de uso verificables. Negociar por catálogo y no por cláusula es lo que nos ha dejado amarrados durante décadas.
Mientras discutimos qué digitalizamos, conviene mirar dónde vive lo digitalizado. Universo Abierto reseña un trabajo del European University Institute sobre la relación público-privada en la gobernanza democrática de la inteligencia artificial, firmado por Astier, Bosoer, Cantero Gamito y Pareto Boada. El texto describe una dependencia que crece: los poderes públicos contratan capacidades técnicas que solo tienen las grandes tecnológicas, y la regla termina escribiéndola quien controla el modelo.
Traslade eso a nuestro terreno. Una biblioteca nacional que hospeda su repositorioRepositorio institucionalArchivo digital donde una institución reúne, describe y da acceso a su producción académica. Bien mantenido es la memoria científica de la universidad, y mal mantenido es un disco duro con URL. en una nube privada, que depende de un buscador propietario y que capacita a su personal en herramientas que no puede auditar, ya vive dentro de esa dependencia. Salir de ahí no está sobre la mesa para la mayoría. Lo que sí está es dejar constancia de las condiciones en cada contrato y formar al personal para leerlas.
La bibliotecología latinoamericana tiene aquí una tarea que no nos enseñaron en la carrera: revisar contratos de nube, exigir portabilidad de los datos y documentar en qué se usan los metadatosMetadatosDatos que describen otros datos: autor, fecha, materia, formato, derechos. Son la infraestructura invisible que permite encontrar, citar y preservar un recurso digital. de nuestros usuarios. Es trabajo técnico y jurídico a la vez, y en los planes de estudio de la región apenas aparece.
Aquí conecto con lo que adelantábamos en Más bibliotecas rurales, pero con bibliotecarios profesionales: la infraestructura sin criterio profesional no sostiene nada. Antes de sumar otro lote de imágenes a un portal, hay tres cosas que deberían quedar por escrito.
El 23 de octubre arranca en Santiago de Compostela el XII Congreso Nacional de Bibliotecas Móviles, tres días para hablar de servicios que llegan donde no llega el edificio. La lección del MNCN aplica igual de bien a una biblioteca móvil que a un repositorio nacional: no importa cuántas imágenes subamos si antes no decidimos quién las describe, quién las guarda y con qué reglas se consultan.
SIMURG reúne 35.000 imágenes nuevas del patrimonio documental del MNCN-CSIC, con cerca de mil expedientes y 1.400 documentos iconográficos en consulta pública. Para una biblioteca es un modelo de continuidad y de criterio de descripción, más que un ejemplo de volumen.
Enlazar esta respuestaPorque la reorganización de una editorial de ese tamaño reabre los paquetes de suscripción y las condiciones de acceso a revistas de humanidades y ciencias sociales. Es el momento de negociar cláusulas de acceso perpetuo y transparencia de precios en los consorcios.
Enlazar esta respuestaSegún el trabajo del European University Institute reseñado por Universo Abierto, la dependencia crece cuando el sector público contrata capacidades que solo tienen las grandes tecnológicas. La salida práctica está en los contratos: portabilidad de datos, auditoría de herramientas y personal formado para leer esas cláusulas.
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