
En 2026 el debate sobre la inteligencia artificial en bibliotecas ya no pregunta si debemos usarla. La pregunta es cómo formamos usuarios capaces de convivir con ella sin perder el juicio. La discusión se ha llenado de guías de prompts y tutoriales de ChatGPT, pero la alfabetización en IA no es eso. Ann Handley, recogida en la sección de alfabetización informacional de Universo Abierto, plantea que la verdadera competencia es la alfabetización en el juicio, la capacidad de decidir cuándo conviene usar la IA y cuándo es preferible no hacerlo. Me parece una buena sacudida.
Un análisis reciente en Universo Abierto insiste en que la alfabetización en IA no puede reducirse al manejo de ChatGPT, Gemini o Claude. Hay que comprender cómo operan los algoritmos, formular instrucciones eficaces, evaluar críticamente las respuestas y reconocer sesgos, alucinaciones o manipulación informativa. Esa definición la suscribo, pero me preocupa que se siga presentando como una lista de competencias en lugar de una postura profesional ante la tecnología.
La bibliotecología siempre ha enseñado a dudar: de la fuente, del autor, de la fecha. La ALFINAlfabetización informacionalConjunto de competencias que permiten reconocer cuándo se necesita información, localizarla, evaluarla con criterio y usarla de forma ética y eficaz. No es un curso de manejo del catálogo, es una capacidad de pensamie... clásica ya incluía evaluación de fuentes y detección de sesgos. Un artículo de Reinoso en Ciencia y Educación define la alfabetización en IA como una extensión necesaria de las competencias digitales. Es cierto, pero insuficiente. Si solo enseñamos a manejar herramientas, formamos usuarios obedientes de la tecnología, no ciudadanos críticos. La biblioteca tiene que dar el paso de la destreza al discernimiento.
Esta lista nace de mi experiencia en aulas y bibliotecas dominicanas, no de un manual importado.
Cada año aparece una tecnología que promete reinventar la biblioteca. Llegó internet, llegaron las redes sociales, llegó el móvil. La IA generativa es otra ola. La función social de la biblioteca no cambia: mediar entre la persona y la información. Lo que cambia es el tipo de información, ahora producida por algoritmos que imitan lenguaje humano. Eso exige una ALFIN renovada, no una ALFIN nueva. La base crítica sigue siendo la misma.
La guía de CognosOnline recomienda que los estudiantes experimenten con distintas herramientas y mantengan un balance entre lo digital y lo analógico. Es un consejo sensato, pero le falta estructura. Las bibliotecas podemos ponerle marco.
Diseñemos talleres de ALFIN para la era de la IA que contrasten el enfoque instrumental con el crítico:
| Enfoque instrumental | Enfoque crítico |
|---|---|
| Cómo escribir un prompt | Cuándo no escribir ninguno |
| Cómo generar un resumen | Cómo verificar el resumen |
| Cómo ChatGPT devuelve respuestas | Por qué devuelve esa respuesta |
Y llevémoslo a la práctica con tres acciones:
El próximo taller de ALFIN en tu biblioteca debería incluir la pregunta ¿cuándo no usar IA? Si los bibliotecarios no la hacemos, ¿quién la hará?
Es la capacidad de decidir cuándo usar la IA y cuándo no. La plantea Ann Handley y aplica a la biblioteca: importa más que saber escribir prompts, porque forma criterio profesional frente a la información generada.
Enlazar esta respuestaComparando respuestas de ChatGPT con fuentes verificadas, identificando sesgos y alucinaciones, y reconstruyendo la cadena de referencia. La biblioteca es el espacio natural para esa mediación crítica.
Enlazar esta respuestaNo. La base de la ALFIN sigue vigente: evaluar fuentes, detectar sesgos, comparar. La IA añade la necesidad de entender cómo operan los algoritmos y cuándo conviene prescindir de ellos.
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