
El acceso abiertoAcceso abiertoModelo por el que la producción científica se publica en línea, gratis para el lector y con permisos de reutilización. Es una vía de justicia informativa para las universidades que no pueden pagar suscripciones. en América Latina se ha consolidado gracias a las revistas científicas y a las políticas públicas, pero sabemos poco de lo que los propios científicos saben y hacen frente a los crecientes costos de publicar. Un estudio comparativo publicado en Palabra Clave, desde Argentina, con investigadores de Brasil, Argentina y México, revela que las percepciones y estrategias de los científicos ante el acceso abierto son heterogéneas y dependen de cada contexto nacional. Desde Estados Unidos, el análisis de The Scholarly Kitchen clasifica los modelos de financiamiento de las revistas en tres tipos: transaccional, acción colectiva y subvención, lo que da un marco útil para entender quién paga y qué se paga. La pregunta es si las bibliotecas latinoamericanas están preparadas para asesorar a sus comunidades en esa decisión.
Lo que más me llama la atención del estudio es que las bibliotecas no aparecen como actores centrales en la ecuación. En Brasil, Argentina y México el acceso abierto se ha construido con revistas, repositoriosRepositorio institucionalArchivo digital donde una institución reúne, describe y da acceso a su producción académica. Bien mantenido es la memoria científica de la universidad, y mal mantenido es un disco duro con URL. y mandatos de agencias de ciencia, pero la mediación bibliotecaria sigue siendo invisible. ¿Dónde está el bibliotecario en esa cadena? Como adelantábamos ayer en Alfabetización informacional ante la IA y la formación de bibliotecarios críticos, el profesional de la información está en el medio del problema, pero casi nadie lo convoca para resolverlo. En Estados Unidos la discusión sobre modelos de negocio es intensa y las bibliotecas negocian acuerdos transformativos, mientras que aquí todavía discutimos si el rol de la biblioteca termina en la suscripción o empieza en la publicación. El estudio deja fuera a República Dominicana y a Centroamérica, que son justamente los contextos donde el acceso abierto depende más del esfuerzo editorial que de una política de Estado.
Propongo que las bibliotecas universitarias de la región activen un servicio de apoyo a la publicación científica que incluya tres cosas concretas: orientación sobre derechos de autor y licencias, evaluación crítica de revistas y acuerdos de acceso abierto, y gestión de datos de investigación. Para eso, las escuelas de bibliotecología, incluida la nuestra en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, deben meter en el currículo la comunicación científica como práctica profesional, no como teoría. En la próxima IFLAIFLAFederación internacional que agrupa a las asociaciones de bibliotecarios y bibliotecas del mundo, fija normas profesionales y representa al sector ante organismos internacionales. WLIC 2026 en Busan, que arranca en pocos días, las delegaciones latinoamericanas podrían llevar esa propuesta y mostrar el estudio de Palabra Clave como punto de partida. El acceso abierto no es un problema de los investigadores, es un campo de trabajo bibliotecario que todavía estamos a tiempo de ocupar.
El estudio de Brasil, Argentina y México muestra que las bibliotecas no aparecen como actor central. Por eso propongo que las bibliotecas universitarias creen servicios de apoyo a la publicación científica, con orientación sobre derechos de autor, evaluación de revistas y gestión de datos de investigación.
Enlazar esta respuestaDepende del modelo de financiamiento. The Scholarly Kitchen los clasifica en transaccional, acción colectiva y subvención, según quién paga y qué se paga. En América Latina los costos crecientes afectan a los investigadores, y las bibliotecas pueden ayudarlos a decidir dónde publicar.
Enlazar esta respuestaActivar un servicio de apoyo a la publicación científica y exigir que la comunicación científica entre en el currículo de las escuelas de bibliotecología. La próxima IFLA WLIC 2026 en Busan es una oportunidad para compartir esta propuesta con las delegaciones de la región.
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